Eduardo Remolins

Acerca de Eduardo

Eduardo Remolins es economista especializado en gestión de la innovación y tendencias en tecnología y negocios. Asesora a empresas, gobiernos e instituciones en el aprovechamiento de las nuevas formas de desarrollo de negocios que ofrece la economía moderna. Es columnista en distinos medios, conferencista y dicta talleres sobre desarrollo de empresas y productos innovadores en diversos países. leer más

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El grado justo de ambición

Una de las características humanas más demonizadas y admiradas por igual. ¿Qué valor tiene en los negocios?

La ambición es uno de los elementos claves al momento de plantear un negocio o, más importante aún, de presentarlo a posibles socios o inversores.

Aunque, en realidad, deberíamos hablar de “nivel de ambición”.

Este concepto suele malinterpretarse. No se trata simplemente de “ser ambicioso”, sino de que el proyecto tenga el “nivel de ambición” con el que se sienta cómodo el que lo escuche. Es decir, se puede pecar por exceso o por defecto. Demasiada o demasiado poca ambición.

Un ejemplo puede clarificar esto.

Hace unos cuatro años di una conferencia para emprendedores en una pequeña ciudad agropecuaria. La conferencia versaba sobre modelos de negocio innovadores.

Aunque no eran los únicos casos, mencioné empresas de tecnología, de diseño y de turismo no convencional.

Al final de la charla lo que esperaba que fuera una oleada de entusiasmo del joven auditorio se convirtió en un silencio atronador, miradas apagadas y ausencia casi total de preguntas.

El resultado me sorprendió. No era lo que solía suceder con esa presentación. Me preguntaba qué había sucedido.

La respuesta llegó durante el cocktail posterior, en el que un par de personas se me acercaron para conversar y darme su opinión. Lo que me dijeron me aclaró todo: ¡nadie en el auditorio creía que esas empresas, que yo mencionaba como ejemplos a seguir, fueran modelos que estuvieran a su alcance! Las veían como demasiado sofisticadas, más allá de sus posibilidades. Por eso no se habían entusiasmado.

En una palabra: la presentación pecó de demasiado ambiciosa.

En el otro extremo, me tocó observar presentaciones muy buenas de empresas que, sin embargo, resultaban negocios demasiado pequeños para entusiasmar a los inversores que las escuchaban.

En este caso se pecaba por falta de ambición. Los emprendedores mostraban una oportunidad comercial de un millón de dólares al año y los inversores buscaban algo al menos diez veces mayor.

El negocio no era ni malo ni bueno en sí mismo, simplemente no había coincidencia de expectativas. Todo depende de quién lo analiza.

Para resumir, el tamaño de la empresa y las perspectivas de crecimiento tienen que estar en línea con lo que espera quien lee el plan o escuha la presentación. Y sobre todo, tienen que estar en línea con lo que esperas tú.

Esto último no debería sorprenderte. ¿Qué sentido tendría comenzar un negocio que estuviera por debajo o por encima de tus propias expectativas?

Para eso, obviamente, es necesario preguntarse que tan “ambicioso” eres.

(Adaptado de En la Mente del Inversor)

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Eduardo Remolins - info@remolins.com