Eduardo Remolins

Acerca de Eduardo

Eduardo Remolins es economista especializado en gestión de la innovación y tendencias en tecnología y negocios. Asesora a empresas, gobiernos e instituciones en el aprovechamiento de las nuevas formas de desarrollo de negocios que ofrece la economía moderna. Es columnista en distinos medios, conferencista y dicta talleres sobre desarrollo de empresas y productos innovadores en diversos países. leer más

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El dinero es una consecuencia

Muchos empresarios exitosos ven al dinero de un modo diferente al del resto de las personas. Eduardo da en este artículo su punto de vista y explica porqué es importante tenerlo en cuenta al presentar un proyecto.

"Siempre me llamó la atención que muchas personas ampliamente exitosas en los negocios se refieran al dinero en términos muy diferentes que el resto de la gente.

En sus negocios parecen tener como prioridad, no la generación de dinero en sí mismo, sino algún objetivo superior.

Ese objetivo superior puede ser, por supuesto, el desarrollo de su empresa, su éxito.

Pero esto no es lo mismo que perseguir solamente el dinero. Para decirlo en otras palabras: se enamoran de su actividad, de su empresa y de su crecimiento, y el dinero llega por añadidura. Es una consecuencia.

En la época en que trabajaba como funcionario del gobierno me entrevistaba muy amenudo con empresarios.

Una vez, un periodista amigo me pidió que nos reuniéramos con un empresario que tenía un proyecto para un desarrollo de una tecnología de punta.

Esta persona ya era muy exitosa, algo que se ocupó de recalcar mi amigo periodista, dándome detalles del modelo de Ferrari que el empresario manejaba en sus frecuentes visitas a su propiedad en Miami.

El objetivo era darme a entender que la motivación para la nueva empresa no era ganar más dinero. Ya tenía suficiente.

De hecho, cuando nos encontramos, sus primeras palabras fueron esas: “yo no hago esto por el dinero, no es lo que me interesa”.

Sin embargo, durante el transcurso de la charla fui viendo como esta persona se interesaba notoriamente por algún régimen promocional del gobierno que le permitiera reducir su pago de impuestos o adquirir la propiedad para la planta a un costo menor.

Mi reacción fue de cierta confusión: “¿si no le interesa el dinero, para qué está buscando ventajas?”

En esa época me pasó algo parecido con otros empresarios y proyectos, que me generaron igual grado de confusión y luego de desconfianza.

Sin embargo, me tomó un tiempo pero finalmente entendí que no había contradicción entre la declaración que hacían y la forma en la que actuaban.

En el caso del empresario de la historia, el objetivo, la aspiración, era desarrollar un servicio de tecnología de punta, cuando su fortuna se había hecho sobre la base de un producto humilde y sin grandes secretos.

Era un deseo de trascendencia, de superación. Quería estar orgulloso de esa empresa. Lo que no implicaba, por supuesto, que no buscara hacerlo rentable por los medios a su alcance.

Cuando digo que muchos empresarios no buscan el dinero en sí mismo, no estoy diciendo que no lo busquen en absoluto. Esto es obvio.

Lo que quiero decir es que su principal motivación, su pulsión, está expresada de otra forma. Buscan hacer una empresa exitosa, que obviamente tiene que ganar dinero para serlo.

Parece lo mismo pero no lo es.

Si nuestro foco mental es solamente “hacer dinero”, es probable que nos equivoquemos. Es posible que la única pasión que se despierte en nosotros sea la codicia, lo que no suele ser una gran ayuda para nada.

Si nuestro norte es hacer “el mejor hotel boutique del país” o “el mejor restaurante de la ciudad”, por dar dos ejemplos, el objetivo INCLUYE generar muchas ventas y rentabilidad, pero no es el objetivo en sí.

Esta sutileza, que en realidad es muy importante, es perfectamente captada y cuidadosamente evaluada por los más experimentados inversores.

La pasión por un producto o un mercado puede llegar muy lejos, inclusive en términos económicos. La pura y desnuda codicia, mucho menos.

Plantea tu negocio en términos de una ambición superior, un deseo de solucionar algo, de crear algo grande, de desarrollar algo que no exista."

Extraído de En la Mente del Inversor.

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Eduardo Remolins - info@remolins.com